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Notas: The Wall, de Marlen Haushofer

The Wall, de Marlen Haushofer (1963, 🇦🇹). Ed. New Directions, 248 pp., traducido del alemán al inglés por Shaun Whiteside.

Antes de comentar el libro quisiera hacer un breve comentario sobre mi experiencia con él. The Wall (El muro, en castellano) ha visto un resurgimiento en los últimos seis meses, habiendo recibido la obra de Haushofer poquísima atención durante el siglo pasado. Creo que esto se debe a que la editorial New Directions publicó en junio la maravillosa traducción del alemán de Shaun Whiteside. Aunque esta traducción ya existía desde hacía años, la nueva edición (preciosa y cuidada) ha despertado el interés de críticos y lectores. Es por esto quizá que las reseñas se acumulan en los últimos meses (Naomi Huffman en The Atlantic; James Wood en The New Yorker; Connor Harrison en Chicago Review of Books). Uno podría pensar que se trata de una publicación reciente, aunque no contamos con la presencia de la autora: murió en 1970, demasiado pronto, por un cáncer óseo.

LitHub mencionó hace poco la nueva edición como una de las mejores traducciones publicadas (¿reeditadas?) en 2022. Tras haber oído varias menciones al libro y leer alguna cita llamativa, empecé a leer la traducción de Genoveva Dieterich que reeditó Siruela en 2003. La traducción española se lee con fluidez y estoy seguro de que se ha hecho con el cuidado suficiente para transmitir lo que la autora pretendió con el original. (No es esto tarea pequeña: el libro fue escrito y minuciosamente corregido cuatro veces por Haushofer, que alternaba la escritura y las tareas domésticas). Sin embargo, me da la sensación de que es más plana y de algún modo carece de la sonoridad y de la maravillosa cercanía de la traducción inglesa. No sé alemán, así que no puedo comparar con el original, pero el texto en inglés se lee como un diario que podría escribir alguien hoy mismo. Increíblemente cercano, actual y fresco, es facilísimo identificarse con las extrañas circunstancias que rodean a la protagonista del relato. Sin más que decir, hablo un poco del texto.

La premisa del libro nos resultará familiar, pues ciertas obras recientes se han basado en la misma idea, que ha calado en la cultura popular. Una protagonista de unos cuarenta años cuyo nombre nunca llegamos a conocer está pasando unos días en la casa del coto de caza privado de un familiar. Como su marido y el resto de la familia han ido a pasar el día al pueblo, ella prepara un risotto. Come sola, compartiendo parte del plato con su perro, Lince. Al día siguiente decide unirse a los demás y se lanza al camino. Poco después de abandonar la casa descubre con pena que Lince, que correteaba felizmente por el camino de tierra, vuelve con la boca llena de sangre. El motivo se vuelve evidente en seguida: una cúpula invisible rodea el bosque.

Nada más se nos dice del origen de esta cúpula, aunque sí que aprendemos muchas cosas sobre sus efectos: todo cuanto quedó fuera ha muerto. Los pájaros caen, las chimeneas dejan de humear, las mazorcas de maíz negrean en sus tallos. La protagonista, lejos de alarmarse, trata de lidiar con la situación con calma y paciencia. Descubriendo una vaca que vagaba por el camino con las ubres hinchadas, la ordeña y la toma como animal de compañía. Vuelve al caserón de piedra.

Todo esto sucede en las primeras veinte o treinta páginas del relato. El resto de la historia, que es donde reside la esencia de la novela, es difícil de describir. Aunque se ha descrito como una distopía, yo diría que dista mucho de serlo. La protagonista no descubre con horror su dependencia del hombre que la mantuvo. Todo lo contrario: un nuevo abanico de experiencias se despliega ante ella, un paisaje lleno de claroscuros. La vida agrícola la fortalece, pero también vuelve toscos sus rasgos y sus manos. La necesidad de actuar una feminidad que no ve como suya desaparece, y se torna un ser asexuado cuya propia percepción depende completamente del contexto. Un niño recogiendo fresas; un tosco leñador que prepara la madera para la lumbre; una cazadora que selecciona con pena el corzo que ha de matar para subsistir; una mujer mayor con las carnes caídas y la piel tornada cuero recio por el efecto del sol y el frío.

Su concepción de los animales cambia. Su perro Lince, su vaca Bella y los gatos que pronto descubre que habitan el lugar son su única compañía. Aunque racionalmente comprende que son animales, esta diferencia pronto se vuelve irrelevante. Todos habitan el mismo espacio y comparten los mismos recursos. Más importante aún, todos dependen de los demás para sobrevivir. Bella da leche y estiércol, Lince da compañía y comprensión, los gatos mantienen la casa libre de ratones y animalillos, y la protagonista trabaja con esmero para que la vida de todos sea, en fin, lo más cómoda posible.

I told Lynx about it, for no particular reason, just so that I wouldn’t forget how to talk. For every ill he knew only a single cure, a nice little race in the forest. The cat listens to me attentively, but only as long as I don’t get at all excited. She mistrusts even the merest hint of hysteria, and simply wanders off if I let myself go. Bella responds to everything I have to say by simply licking my face; that’s a comfort, certainly, but it’s no solution. In fact there is no solution, even my cow knows that, but I keep on arming myself against suffering.

El aburrimiento deja de existir. La protagonista reconoce que lo que definía su vida anterior al suceso era, sin ella sospecharlo previamente, el aburrimiento. Una indolencia que permeaba sus días, un ver pasar la vida sin saber qué hacer con el tiempo. Trabajar, limpiar, cuidar. Un dolor como una cama de faquir que aprieta en tantos sitios que, confiesa, a veces desearía haberse matado en lugar de continuar con la misma existencia.

Las lecturas posibles son muchísimas. Hay quien ha entendido esta novela como una obra esencialmente feminista. Entenderla desde el ecologismo es inmediato: este planeta nuestro, prácticamente infinito a ojos de los diminutos seres que ocupan su superficie, se ve de repente reducido a las inmediaciones de un bosque. Las provisiones no son ya los pozos subterráneos de petróleo de algún páramo helado de Siberia, sino las cerillas que quedan en los cajones de la cocina. ¿Cómo reaccionar a esto, qué hacer cuando la necesidad de cuidar de lo único que tenemos es tan acuciante?

No quiero decir más. La trama reserva algunas sorpresas. He disfrutado mucho de este libro, que me parece precioso. Me alegra que esté recibiendo el reconocimiento que merece.