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Garabatos lorquianos.

Con el viaje a Londres hemos vuelto a casa cargados de libros. Reordenando la estantería del pasillo he encontrado un libro de P. que no sabía que teníamos, una antología poética de Lorca. Hojeándola he acabado por interesarme por sus garabatos, pequeños dibujos con los que Lorca acompañaba algunos poemas, cartas a conocidos y márgenes de cuadernos. Algunos eran trabajos autosuficientes, autorretratos y registros escuetos de su estado de ánimo. Investigando un poco encontré este, que me parece maravilloso y que justo pasado mañana cumplirá cien años.

Acompañaba a una carta dirigida al crítico cubano José María Chacón y Calvo, que le haría de guía en La Habana tras la estadía del poeta en Nueva York unos años después. En la carta, firmada el 26 de julio de 1923, Federico intercambia algunos pareceres con su interlocutor y acaba con una posdata en la que menciona la tormenta de verano que tiene asustadas a su madre y hermanas:

P.D. Adiós. Ahora mismo comienza una gran tormenta. Los truenos como grandes brasas de hierro negro que rodaran sobre una pendiente de piedra lisa, hacen temblar los cristales de una casa. ¡Señor, acuérdate de los rebaños que viven en el monte de las garbas de trigo abandonadas sobre el rastrojo! Entre la luz cenicienta mi madre y mis hermanas dicen ¡santo, santo, santo! Yo como el caracol, encojo mis cuernecitos de poesía.

Un dibujito hecho por un Lorca de 25 años en algún rincón de esta provincia, hoy más castigada por el sol que hace cien años. Aquí la imagen original: