La vida privada de Bram Stocker
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I did not sleep well, though my bed was comfortable enough, for I had all sorts of queer dreams. […] It may have been the paprika. […] I had for breakfast more paprika._Jonathan Harker. Dracula (1897).
La novela de Bram Stocker está llena de subtexto homoerótico y referencias que hacen posible una lectura de la obra desde un punto de vista queer. Esto no es algo nuevo en absoluto, claro. Mucha gente ha sugerido lo mismo con anterioridad, y examinando un poco la vida de Stoker y los recursos y figuras que aparecen en el libro es fácil llegar a ciertas conclusiones. Con esto no quiero decir que las intenciones de Bram Stoker fuesen inequívocamente las que quiero presentar aquí. Es imposible saber exactamente qué había de verdad y qué de máscara en todo aquello cuanto Stoker dijo sobre sí mismo y sobre su novela más famosa. Sin embargo, creo que hay motivos de sobra para argumentar que Stoker se sintió atormentado por los «prejuicios de hombres de mente cerrada» que le acompañaron toda la vida. Es más: el homoerotismo es, posiblemente, una pieza esencial de la obra del autor irlandés. Para justificar esto tenemos que remitirnos a la época en la que la novela fue escrita y publicada, pero también examinaremos la vida del autor y (quizá más adelante) el subtexto y los prejuicios que impregnan la novela. Stoker tuvo una personalidad complicada, así que tratemos de entenderla en su contexto.
“Oscar Wilde, sodomita encubierto”.
El libro se publicó en 1897, una época convulsa y difícil en la sociedad victoriana. Drácula vio la luz dos años después del famoso juicio por indecencia grave de Oscar Wilde. El juicio fue un asunto público bien conocido por la esfera literaria británica. Oscar Wilde, un hombre cuya homosexualidad era bien conocida entre sus allegados, había empezado a tener una relación con un tal Alfred Douglas. Douglas era 16 años menor que Wilde, y también tenía aspiraciones literarias como poeta. El padre de Douglas, marqués de Queensberry, no estaba satisfecho con la situación. Para evitar que la relación perdurase, este señor dejó una nota en el club Albemarle, en Londres, que decía «For Oscar Wilde, posing somdomite [sic]». Para Oscar Wilde, sodomita encubierto. En resumen, Wilde denunció al marqués por difamación, pero el juicio se le volvió en contra porque, de hecho, la homosexualidad de Wilde era un asunto conocido y no hay difamación si no se está mintiendo. Posteriormente se celebró otro juicio contra Wilde, presentándose 26 acusaciones de «indecencia flagrante». Aunque las negó todas, las numerosas pruebas (incluyendo los testimonios de varios trabajadores de hoteles que aseguraban haber visto materia fecal en las sábanas de Wilde tras pasar la noche con otros jóvenes) hicieron que fuese declarado culpable. Arruinado y encarcelado, escribió The Ballad of Reading Gaol (La balada de la cárcel de Reading) y murió poco después de ser puesto en libertad, en una habitación roñosa de un hotel parisino en 1900. En su tumba del cementerio Père Lachaise en París aparece un fragmento de éste poema autobiográfico:
And alien tears will fill for him
Pity’s long broken urn
For his mourners will be outcast men
And outcasts always mourn.
The Ballad of Reading Gaol (1898).
El cadáver de Wilde no llegó a su sepultura actual hasta años después. Su cuerpo fue enterrado en cal viva (con el objetivo de que se redujese a huesos cuanto antes) en una tumba que había sido alquilada temporalmente, pero la cal acabó por conservar el cuerpo razonablemente bien. Años después se le movió al cementerio Père Lachaise, donde continúa ahora, gracias al pago de un antiguo amante, Robert Ross. La estatua que ahora adorna su tumba no fue añadida hasta 1914. Robert Ross fue enterrado en la misma sepultura.
En este contexto, Bram Stoker publicó y escribió Drácula. Otra gente ha escrito sobre la influencia que el juicio de Wilde tuvo en la ficción contemporánea. Esta excelente entrada de Groovy Mutant analiza cómo los hechos de 1895 hicieron que muchos autores queer (y algunos personajes ficticios) huyesen temporalmente de Londres. Es importante señalar que Stoker fue (al igual que Arthur Conan Doyle) amigo de Oscar Wilde. El destino de Wilde, y la propia atmósfera de vergüenza y juicio moral que debió respirarse contra él tuvieron que surtir, forzosamente, algún tipo de efecto sobre Stoker.
Morfina, atletas y referentes literarios.
Bram tuvo una infancia complicada. Incapaz de caminar hasta los siete años por alguna dolencia no identificada, pasó gran parte de su niñez consumiendo láudano —una disolución etílica de morfina— para paliar sus dolores. La madre de Bram, Charlotte, pasó numerosas horas leyéndole en voz alta y, literalmente, remolcándolo de habitación en habitación. Siguiendo el hilo anterior hay que mencionar que los Stoker y los Wilde eran, en la época, familias muy conectadas. No por lazos de sangre, sino por haber coincidido en numerosas ocasiones y profesarse aprecio. Charlotte había publicado un artículo curiosamente titulado «On the Necessity of a State Provision for the Education of the Deaf and Dumb of Ireland» («Sobre la necesidad de que el Estado provea de una educación a los sordos y tontos de Irlanda»). Esto le ganó la simpatía de numerosos caballeros comprometidos con las causas sociales, y en especial la del doctor William Wilde, padre de Oscar Wilde. El propio Bram, a su paso por la universidad, pasaría mucho tiempo hablando con la madre de Oscar (posiblemente a modo de desquite, por tratarse de una mujer cuyos valores representaban lo contrario a los de la propia madre de Bram). Además, tanto él como Oscar habían tenido una vida extraordinariamente similar. Los dos dublineses compartían una relación parecida con sus madres, a pesar de que éstas eran completamente diferentes; fueron a la misma universidad; compartían intereses literarios, y en definitiva, se movían en los mismos círculos. Ambos conocieron y admiraron a Walt Whitman, ilustre bisexual que apenas hacía esfuerzos por esconderse y con quien Wilde decía haberse besado en una de sus cartas años más tarde. Las vidas de Stoker y Wilde se desarrollaron por los mismos caminos y estaban, en resumen, íntimamente entrelazadas.

Stoker escribiendo. No hay fotos suyas sonriendo, a pesar de que todos los testimonios lo describen como una persona alegre y jovial.
Hacia 1872, la familia de Stoker dejó Irlanda. La inflación rampante y el hecho de que habían cambiado de residencia unas siete veces desde el nacimiento de Bram llevaron a Charlotte, su madre, a pensar en una solución alternativa. Tal era la inflación a la que se enfrentaba el país, que la familia determinó que sería más barato llevar una vida ambulante en Europa continental y vivir en pensiones y hoteles que permanecer en Irlanda. En 1872, cuando Bram contaba con 25 años, su familia se marchó (sin sospechar que ésta sería la última vez que Bram vería a su padre). Empezó aquí una época de liberación para el joven autor. Bram había oído hablar de Whitman tres años antes, pero fue esta época la que le permitió leerlo y alabarlo. Se obsesionó con el atletismo, posiblemente como reacción a haber pasado los primeros siete años de su vida prácticamente inválido, y con la anatomía masculina. En su diario se encuentran entradas como:
¿Por qué estos anhelos? ¿Por qué estos pensamientos en la oscuridad? Escucho sollozos secretos, convulsos, de hombres jóvenes angustiados.
Y también:
Hay un atleta enamorado de mí, y yo de él. Pero hay en mí algo que me atrae a él, algo fiero y terrible que podría desencadenarse. No me atrevo a ponerlo en palabras.
(¿Qué misterioso anhelo tendría en mente el autor? ¿Qué es eso tan terrible que ni siquiera puede ser escrito? Parece imposible saberlo, un misterio equiparable al de las tumbas en las que esqueletos del mismo sexo yacen juntos durante milenios). Finalmente, tras esperar durante largo tiempo una supuesta visita de Whitman a Inglaterra que jamás sucedió, se decidió a escribirle una carta al famoso poeta. La carta, cuya traducción es propia, empieza así:
Dublín, Irlanda, 18 de febrero de 1872.
Si es usted quien yo creo que es, le gustará esta carta. Si no lo es, no me importa si le gusta o si le deja de gustar y sólo le pido que la eche al fuego sin leer nada más. Sin embargo, creo que le gustará. No creo que haya un hombre vivo —incluso usted, que se encuentra sobre los prejuicios de los hombres de mentes cerradas— que no quisiese recibir una carta de un hombre joven, un desconocido, del otro lado del mundo. Un hombre que vive en una atmósfera de prejuicio hacia las verdades que usted canta, y hacia su manera de cantarlas. Una duda surge en mi mente sobre si existe un hombre con el coraje de quemar una carta en la cual sintiese el átomo más pequeño de interés sin leerla antes. Creo que usted lo hará, y creo que usted mismo cree que lo hará. Adelante, queme esta carta, pruébese capaz, (…)
Carta de Bram Stoker a Walt Whitman (1872).
La carta sigue. Es muy, muy larga y Stoker da muchas vueltas antes de presentarse formalmente. El irlandés insta a Whitman a quemarla hasta cinco veces, incluso a usarla para encender su pipa o como papel higiénico. La carta incluye una descripción física de Stoker, en la que refleja sus complejos más arraigados (y que no corresponden en absoluto a lo que se aprecia en las fotografías). El autor dice tener unos labios demasiado gruesos, una protuberancia sobre las cejas, y se describe sencillamente como «feo». No es hasta el final que encontramos esto:
No se enfadará usted conmigo si ha leído hasta aquí. No se reirá de mí por escribirle esto. Fue con un gran esfuerzo que empecé a escribirle, y me siento reacio a detenerme ahora, pero no quiero cansarle más. Si alguna vez quisiese tener más de lo que ahora imagina —pues tiene usted un gran corazón—, cuál sería para mí el placer de volver a escribirle. Qué dulce es para un hombre fuerte y sano [refiriéndose a sí mismo, aclaración mía] con los ojos de una mujer y los deseos de un niño, sentir que puede hablarle a otro hombre que, si así lo desea, puede ser un padre, un hermano, y una esposa para su alma.
Carta de Bram Stoker a Walt Whitman (1872).
La carta completa puede encontrarse en el libro de David J. Skal. Esta visión de Stoker de sí mismo aparece también en una entrada previa de su diario, donde se describe con «el corazón de una mujer y la disposición de un niño solitario».
Algunas conclusiones.
Sabemos que Stoker se tenía en poca estima físicamente. ¿Qué quiere decir que se describiese recurrentemente de ésta forma? Es evidente que se sentía solo y que con esta carta (que envió cuatro años después de escribir) trató de ser sincero, pero no es inmediatamente evidente lo que pretende transmitir. En la doctrina de la época era común entender la homosexualidad como una afectación femenina en un cuerpo masculino, de modo que es posible que Stoker se describiese sucintamente como homosexual. También es cierto que en Hojas de hierba hay muchos poemas en los que la androginia toma un papel importante, no revelándose el género de las personas mencionadas.

Una edición de Hojas de hierba del año 1913 contiene ilustraciones abiertamente homoeróticas de una tal Margaret C. Cook.
Quizá Stoker se sintiese atraído hacia esta visión poco definida de la sexualidad. Es complicado saberlo: la terminología moderna no existía hace apenas cien años, de modo que sólo es posible conjeturar qué quería decir exactamente el autor. Pero parece claro que Stoker cabría (a día de hoy) en el término paraguas que es queer, abarcando toda aquella disidencia sexual y de género que se resiste a clasificación. En la época no existían todavía etiquetas como gay o bisexual, que son de acuñación relativamente reciente. Los términos queer y gay aparecen en Dracula aún como meros adjetivos, describiendo los extraños sueños («queer dreams») que sufre el protagonista Jonathan Harker y que él mismo supone son debidos a la ingesta de enormes cantidades de pimentón, así como la disposición alegre («gay») de Mina al escribirle a su amiga Lucy.
En definitiva, los códigos de conducta entre iguales que había conocido Stoker cambiaron de forma repentina tras el juicio a Wilde, unos veinte años más tarde. La actitud laxa de la sociedad victoriana hacia las relaciones de vigorosa amistad entre hombres y mujeres había facilitado hasta entonces formas de trato que después serían imposibles. En este contexto, en una sociedad en la que el puritanismo sexual rige las vidas (públicas) de hombres y mujeres, durante el dilatado juicio que acabó en última instancia con Wilde, Stoker escribe una novela en la que todo está impregnado por una sexualidad constreñida y llena de culpa. Pero también una novela de escapismo, en la que un joven procurador se ve forzosamente aislado, lejos de su ciudad y su pareja, por un noble fuerte del que no puede escapar. Hablaré de estos y otros matices en otro momento.
Bibliografía.
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Bristow, J. 2016. The blackmailer and the sodomite: Oscar Wilde on trial. Feminist Theory, 17(1), 41–62. https://doi.org/10.1177/1464700115620860
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Groovy Mutant. 2022. Sherlock Holmes and Victorian Homosexuality – Part 1. [online] Consultado el 31 de julio de 2022.
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Bram Stoker Estate. 2019. Stoker Family Members. [online] Consultado el 30 de julio de 2022.
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Self, C. 2014. Oscar Wilde (1854-1900). [online] Consultado el 30 de julio de 2022.
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Skal, D. 2016. Something in the Blood: the Untold Story of Bram Stoker. Nueva York (EEUU): Liveright.
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Stoker, B., Eighteen-Bisang, R. and Miller, E., 2008. Bram Stoker’s Notes for Dracula: A Facsimile Edition. Jefferson (USA): McFarland & Company.