notas.almag.ro

Notas: “Chernobyl Prayer”, de Svetlana Alexievich (1997)

Chernobyl Prayer: Voices from Chernobyl, de Svetlana Alexievich (1997, 🇧🇾). Editado por Penguin, 292 páginas. Traducido del ruso al inglés por Anna Gunin y Arch Tait.

Increíble trabajo de investigación que se centra en la dimensión humana del desastre de Chernobyl. Alexievich viajó por toda Bielorrusia y otros países integrantes de la ya desaparecida URSS, y entrevistó a gente de todos los estratos de la sociedad. Militares y amas de casa, físicos y ladrones, niños y ancianos. Las consecuencias de la explosión del Reactor 4 aún no se han revelado en su totalidad, pues la historia que trazan es tan larga como la semivida de los isótopos que aún impregnan la tierra y los ríos: de decenas o centenas de milenios.

Everybody near Chernobyl began to philosophize They became philosophers. The churches filled up again with people - with believers and former atheists. They were searching for answers that could not be found in physics or mathematics. The three-dimensional world came apart, and I have not since met anyone brave enough to swear again on the bible of materialism. We were dazzled by infinity. The philosophers and writers fell silent, derailed from the familiar tracks of culture and tradition. What was most interesting of all in those early days was not talking with the scientists, not with the officials or the high-ranking military men, but with the old peasants. They lived without Tolstoy and Dostoevsky, without the Internet, yet their minds somehow made space for the new picture of the world. Their consciousness did not crumble.

Me sorprendió que se expusiera algo que no se suele mencionar cuando se habla de Chernobyl; es cierto que muchísimas personas fueron evacuadas, pero también es cierto que muchas otras volvieron. Chernobyl no es sólo el nombre de un accidente nuclear, sino el de un lugar en el que mucha gente vivía y prosperaba. Gente con vidas comunes, occidentalizadas y modernizadas en las últimas décadas, con la guerra —por suerte— lejos en el pasado. Es difícil explicarle a alguien que ha de dejar su vida atrás porque una explosión a decenas de kilómetros ha contaminado sus patatas y su ropa con radiación, o que el parque de su hijo está vetado debido a algo que no se puede ver, oler ni percibir de forma alguna. Muchos se quedaron, y la pobre gestión del desastre se hizo evidente sólo con los años.

Se pone de manifiesto la diversidad de escenarios y gentes de la Unión Soviética, un país en el que un héroe nacional había paseado por el espacio y numerosos satélites proveían de telecomunicaciones a la velocidad de la luz mientras una parte de su población aún vivía como en tiempos de Dostoyevski. Un país que ochenta años antes era eminentemente rural y agrícola y que, según algunos de los entrevistados por Alexievich, pagó un precio caro por tan rápido progreso tecnológico; la humanidad maduró mucho más despacio que la tecnología a la que quería domar. El hombre soviético aún consideraba los frutos de la tecnología como un enemigo, como un estorbo impuesto en nombre del progreso. El hombre soviético, que “segaba con la guadaña, cosechaba con la hoz y talaba con el hacha”. Las observaciones sirvieron a la autora como esbozo de otro de sus libros: El fin del Homo sovieticus.

They were already living in a completely different world - with a new right to life, new responsibilities and a new sense of guilt. Their stories continually featured the idea of time. They were constantly saying, the first time’, ‘never again’, forever. They remembered driving through the deserted villages, occasionally meeting some solitary old men who hadn’t wanted to leave with the others or had later returned from some unfamiliar places. Those men would sit in the evenings around a rushlight. They mowed with a scythe, reaped with a sickle, chopped down trees with an axe, turned in prayer to the animals and spirits. To God. Just like 200 years earlier. While somewhere high above spacecraft were flying. Time had bitten its own tail, the beginning and end had merged. Chernobyl, for those who were there, did not end in Chernobyl. They were returning not from war, but almost from another world.

El trabajo de Svetlana Alexievich es encomiable, y pionero en el difícil proceso de destapar una verdad tan horrorosa que aceleró la caída de una de los imperios más poderosos de toda la Historia. Se me hacía difícil avanzar, no por la falta de interés sino por lo crudo de algunas evidencias. Todo un paisaje humano devastado, condensado en un mosaico de voces ya perdidas.