«This is somewhere to be»: libros que me recordaron a Disco Elysium.

Jugar Disco Elysium cambió mis estándares de lo que debe ser una obra cultural. No hablo de videojuegos solo: las novelas, la poesía, las películas y la música también vieron cómo la misma barra se alzaba. Puede que esto sirva para reforzar el cliché de que los jugadores de Disco Elysium no hablan de otra cosa. Me da igual. Fue así, fue un antes y un después. Si hay adultos Disney, podéis llamarme adulto ZA/UM (aunque lo odiaría, porque es conocido que los cambios en la estructura organizativa del estudio acabaron causando la expulsión de los autores del juego).
Una consecuencia de aquel cambio irreversible en mi bioquímica cerebral fue que empecé a percibir la voz del juego en otros sitios. Hay cosas que son muy Disco, y todas tienen algo en común. La herrumbre. Una tele que sólo muestra estática. La sensación de que ha pasado algo y te has quedado atrás. Un relámpago, lejos. El recuerdo de algo bello que ya solo existe en las conversaciones químicas que mantienen tus neuronas. Una azotea mojada. Un banco de madera conquistado por el líquen y el moho negro.
Esta sensación de que un párrafo se desarrolla en la mismísima Revachol me ha asaltado más de una vez, casi siempre leyendo. Y si no lo anoto voy a acabar olvidándolo. He aquí una breve lista (en ningún orden particular) de libros de los que uno puede decir, joder, esto es muy Disco.
Kaputt (1944), de Curzio Malaparte
Malaparte —en un giro reminiscente a la historia de Revachol—, tuvo una fase revolucionaria que pronto degeneró en el fascismo más oportunista. Anarquista/comunista (según se le quiera entender) en su juventud, el ascenso de Mussolini al poder significó para Malaparte la elección entre hundirse en la irrelevancia o medrar entre los escalafones más altos de los círculos diplomáticos. Optó por lo segundo, y acabó por cenar con la aristocracia de media Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Agustín de Foxá, aristócrata y poeta español y falangista reconocido, aparece constantemente como un personajillo entrañable al que nada se le puede reprochar, salvo ser muy español. (Aquí es donde más se le ve el cartón al autor: aqueja de excesos que sólo notamos cuando lo que nos cuenta nos resulta familiar).
Kaputt es un libro con una historia curiosa. El manuscrito cruzó fronteras cosido dentro del abrigo del autor, pasó meses escondido en las paredes de una choza y fue, sin duda, corregido innumerables veces por el autor para quedar del lado bueno de los vientos históricos. Muchas de las anécdotas que aquí aparecen fueron revisadas, remendadas, suavizadas. Probablemente la mayoría sea mentira (y digo mentira, no ficción, porque el libro tiene un carácter manifiestamente autobiográfico). Sin embargo, Kaputt es de un valor literario inmenso y hay páginas que arrebatan el aliento.
Considérese esta escena en la que el autor, en calidad de periodista, vaga libremente por las llanuras desoladas de Alexandrovska, en Ucrania.
Farther along on a marshy stretch between the road and the river, a Soviet armored car lay overturned. The gun stuck out of the conning tower, the trap door was open and twisted by the explosion,- inside, amid the mud that had filled the car, was a man’s arm. It was a carcass of an armored car. It stank of oil and petrol, of burnt paint, of gutted leather and scorched iron. It was a strange odor. A new odor. The new odor of the new war. I felt sorry for that armored car, but sorry in a different way than I had felt at the sight of the dead horse. It was a dead machine. A rotting machine. It had already begun to stink. It was iron carrion, overturned in the mud.
Unas páginas más adelante un giro de los acontecimientos le hace acabar junto a un prisionero tártaro, retenido por el ejército rumano en una casa abandonada donde yace una yegua muerta.
“Blagodariu—Thanks,” the Tartar said and smiled at me. I smiled at him too, and for a long time we continued to smoke in silence. The stench of the carrion filled the room, greasy, soft and sweetish. I inhaled the stench of the dead mare with a strange enjoyment. The prisoner also seemed to breathe with a delicate, sad pleasure. His nostrils quivered, they throbbed strangely. And I became aware only then that all the life in that pale, ashen face in which the untroubled, slanting eyes had the fixed glassy stare of a corpse, had gathered about his nostrils. His old homeland, the homeland he had found again, was in the odor of the dead mare. We looked into each other’s eyes, in silence, and inhaled with a delicate and sad enjoyment that sweetish smell. That carrion odor was his homeland, his ageless and living homeland, and now nothing stood between us any longer. We were brothers living in the ageless odor of the dead mare.
Hay varias decenas de párrafos que podría añadir, pero no quisiera robarse sorpresa al lector (si es que animo a alguien a leer u hojear el libro con estas palabras). Un libro bello y crudo sobre un continente en llamas.
Solenoid (2015) de Mircea Cărtărescu
Este libro tuvo su propia entrada en el blog. El aspecto de la novela que más me recuerda al juego tiene que ver con la omnisciencia de la voz narrativa, que parece ser consciente de cada recoveco de la ciudad de Bucarest.
I wonder how lonely and insignificant people, how many clerks and tram drivers, how many unhappy, mourning women without an inheritance or a university title, without power and without hope, are actually excavators working the thick earth of autumn evenings, an earth of pupae and worms, an earth that trembles with beetles scurrying through their tunnels?
En Disco Elysium Shivers es capaz de hacerte consciente de discusiones remotas y vientos que soplan en alguna parte. La propia Revachol tiene un lenguaje propio que se utiliza para articular la mise en scène del juego, para mostrar los problemas que atraviesan a cada personaje. Luchas de clase, amorosas, pérdida, soledad. Esperanza:
This is somewhere to be. This is all you have, but it’s still something. Streets and sodium lights. The sky, the world. You’re still alive.
(Una de mis citas favoritas de Volition). Cărtărescu hace algo muy parecido con la Bucarest de su novela, que no solo sirve de lienzo sobre el cual los personajes viven, sino que por momento es un personaje más. La casa misma en la que habita el protagonista toma un papel principal (aunque aquí no me extenderé, por motivos obvios). Aunque la novela tiene ciertas cosas que no me convencieron del todo, sí que exprimí todo lo que pude estos paralelismos.
House of Day, House of Night (1998) de Olga Tokarczuk
(Escribo esto mientras leo la novela: no la he terminado). Tokarczuk, qué decirte que no sepas. Creo que poca gente quedará que no haya escuchado, siquiera de pasada, el apellido de la señora Tokarczuk. Ganó el Nobel de Literatura de 2018 (aunque lo ganó al año siguiente, por movidas del comité que da estos premios y que nunca me ha dado por investigar). La Polonia de Tokarczuk, que recorremos a lo largo y ancho (incluyendo la región de Silesia, históricamente ocupada por los alemanes) varía como un osciloscopio conectado a una fuente ruidosa. Vemos cómo la capital es limpia y llena de gente, compleja, a ratos inhóspita e inabarcable, mientras que la Silesia donde se centra la narrativa parece comprender sólo un puñado de personas muy particulares, cada una amarrada a una forma de ver el mundo totalmente intrasferible.
Es conociendo a estos personajes que no puedo dejar de pensar con frecuencia en Disco Elysium. Creo que mostrando este párrafo quedarán pocas dudas sobre los paralelismos:
“[He] had a bird inside him—that’s how he felt. But this wretched bird of his was strange, immaterial, unnameable and no more birdlike than he was. […] He hated this creature inside himself because it did nothing but cause him pain. If it weren’t there, he would have drunk away quietly, sitting in front of the house and gazing at the mountain that rose before it. Then he would have sobered up and cured his hangover with the hair of the dog, getting drunk again without thinking, without guilt or decisions. The hideous great bird must have had wings. Sometimes it beat them blindly inside his body, flapping at its leash, but he knew its legs were fettered, maybe even tied to something heavy, because it could never fly away. My God, he thought, though he didn’t believe in God at all, why am I being tortured by this thing inside me?”
Satantango (1985), de László Krasznahorkai
Una antigua granja comunitaria en el campo profundo húngaro. Todos los antiguos trabajadores, víctimas de un experimento político fallido, pasan los días empapados por el sopor etílico que a la vez los atrapa y les permite aguantar el paso de los años. Hasta que un día, un conocido que todos pensaban muerto llega al pueblo con promesas de que algo está a punto de cambiar. Un jour je serai de retour près de toi.

Esta novela ya apareció por el blog. En su día lo califiqué de realismo mágico magyar. Sigo pensándolo.
[…] he was lost in successive waves of time, coolly aware of the minimal speck of his own being, seeing himself as the defenseless, helpless victim of the earth’s crust, the brittle arc of his life between birth and death caught up in the dumb struggle between surging seas and rising hills, and it was as if he could already feel the gentle tremor beneath the chair supporting his bloated body, a tremor that might be the harbinger of seas about to break in on him, a pointless warning to flee before its all-encompassing power made escape impossible, and he could see himself running, part of a desperate, terrified stampede comprising stags, bears, rabbits, deer, rats, insects and reptiles, dogs and men, just so many futile, meaningless lives in the common, incomprehensible devastation, while above them flapped clouds of birds, dropping in exhaustion, offering the only possible hope.
Espero mantener esta entrada viva. Sé que me he dejado algunas cosas, porque la sensación de estar reviviendo lo que sentí jugando DE por primera vez me asalta de vez en cuando. Iré añadiendo recomendaciones nuevas por aquí conforme las recuerde… y pueda justificarlas.